Deporte & cine

01 febrero 2006

Cine y fútbol


"Fútbol y cine" es un libro de Carlos Marañón dedicado a dos de sus pasiones, con fotografías tan bizarras como la de Marilyn Monroe chutando el saque inicial de un partido de la selección de Israel. Echo de menos unos fotogramas de "Las Folclóricas F.C." en el adelanto que ofrece el diario El Mundo en su edición digital, pero reconozco que me intriga y compraré el libro.

12 enero 2006

Evasión o Victoria


Parece mentira que la mejor película de fútbol jamás hecha la haya tenido que dirigir un estadounidense y la protagonizara Sylvester Stallone.

Así es. John Houston supo captar en 1981 todo el sinsentido del fútbol en una historia ambientada en la Segunda Guerra Mundial, recreando un encuentro entre la selección nazi y un grupo de futbolistas aliados capturados en campos de concentración.

Los aliados son obligados a participar en el partido, que se celebra en el estadio Des Colombes en París (en realidad es Hungría), ante una muchedumbre de ciudadanos franceses ocupados (en el sentido más desagradable de la palabra). En un momento de la película (en el descanso del partido, qué demonios) son obligados a decidir entre su propia libertad, escapando a través de las cloacas que dan al Sena, o continuar jugando, con la esperanza de derrotar a los alemanes. Por si alguno no se da cuenta, los alemanes son los malos: visten de negro y les ayudan los árbitros.

¿Dónde me coloco en un corner?


Pasando por alto el hecho de que Stallone se convierta en Iker Casillas de la noche a la mañana, la película cuenta con el aliciente de ver a Pelé (que coreografió las jugadas), Ardiles, Bobby Moore, Summerbee y otros grandes del balón interpretando a los aliados. Ardiles deslumbra con un sombrero de tacón a un defensa alemán y Pelé, al que lesionan, se marca un gol de chilena (siendo brasileño es ciertamente paradójico) que merecería por sí solo el precio del alquiler.

Por si alguno no la ha visto aún, no desvelaré el final. Sólo diré que el que ha jugado la entenderá, como la regla del fuera de juego.

Más en IMDB.

16 diciembre 2005

Carros de Fuego


¿Se puede hacer una película legendaria sobre las motivaciones de unos atletas ingleses en los Juegos Olímpicos de París en 1924?

Sí. Carros de Fuego.

Se podría hablar del extraordinario casting, de la mítica banda sonora de Vangelis, de la acertadísima localización de exteriores y de todo lo que ha hecho de esta película un clásico que hay que revisar cada cierto tiempo. Más allá de eso, lo que ha hecho inmortal a Carros de Fuego es la tensión que se genera entre dos formas de entender el deporte y la épica de la superación personal.

El marco temporal (los Felices Años 20, el comienzo de los entrenamientos dirigidos y del deporte profesional) es el perfecto para presentar el conflicto entre la rigidez del deporte amateur, representado por el equipo olímpico inglés, y el sacrificio del deporte profesional, representado por el equipo estadounidense y por el joven judío inglés Harold Abrahams (Ben Cross).

Para Abrahams, competir es vencer, no concibe otra forma de medirse a los demás. Toda su vida ha luchado para triunfar entre las elites inglesas, superando los prejuicios raciales y económicos.

En contraposición a Abrahams tenemos a Eric Liddell (Ian Charleson), un hombre de sólidos principios religiosos con el don de la velocidad y que corre para honrar a Dios.

La historia habla del afán de superación, del espíritu de victoria y de cómo una forma de entender el deporte y la vida se desmorona para dar paso a una concepción moderna del espíritu olímpico. Personalmente, creo que con Sir Jonathan Edwards se acabó realmente una forma de vivir el deporte de alta competición. En Carros de Fuego entrevemos el principio de ese fin.

Carros de Fuego en IMDB.